13 marzo 2020

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Cada día surge un nuevo avance tecnológico que desplaza al anterior, y el ejemplo más tangible de esto son los teléfonos celulares ya que, a los pocos meses que uno de los nuevos modelos es lanzado, aparece otro dispositivo con más funciones. Pues bien, esta intempestiva evolución tecnológica se explica a través de un postulado conocido como la Ley de Moore.

En 1965 Gordon Moore, cofundador de Intel, escribió un artículo para Electronic Magazine donde afirmaba que el número de componentes en un circuito integrado se duplicaba cada año y el costo de producción permanecía relativamente igual y que esta fenómeno se mantendría en el futuro. Para 1975 sus predicciones se habían cumplido, convirtiendo así a la Ley de Moore en una norma que desde entonces ha definido el progreso tecnológico que conocemos actualmente.

Moore pudo vislumbrar que agrupar más componentes en circuitos integrados produciría maravillas como las computadoras domésticas, la conducción de autos automáticos y dispositivos portátiles de comunicación.

La predicción de Moore no sólo ha impactado a la tecnología de uso común (como el ejemplo que pusimos al principio), también ha impulsado avances de última generación como el cómputo cognitivo para empresas, la inteligencia artificial y el análisis de grandes volúmenes de datos.

Sin embargo, recientemente un artículo publicado por MIT Techonology Review reavivó el debate sobre la Ley de Moore, ya que muchos especulan que el progreso constante pronosticado hace 55 años está por llegar a su fin.

¿Adiós a la Ley de Moore?

De entre los avances tecnológicos recientes que han llevado a una gran cantidad de científicos informáticos a declarar que la Ley de Moore ha muerto, el más destacado es la fabricación de nanochips.

En 2014 se dieron a conocer chips con un tamaño de 14 nanómetros, y se planteó como siguiente objetivo que los próximos midieran 10 nanómetros; sin embargo, esto se logró hasta 2019, es decir, 5 años después de lo esperado. Debido al tiempo de retraso, este caso no entra dentro de la tasa de progreso establecida por la Ley de Moore.

Sin embargo, más que a la muerte, la Ley de Moore vive un descenso gradual debido a la dificultad de la fabricación de nuevas tecnologías. Durante años, los fabricantes de chips han logrado evadir obstáculos físicos con nuevos diseños y métodos para sobrellevarlos; no obstante, el progreso tecnológico se ha vuelto cada vez más caro, y no es casualidad que sólo 3 compañías estén dispuestas a hacer la próxima generación de chips (en 2010 eran 8 y en 2002 eran 25).

Por eso, aunque hoy en día ya no es posible contar con chips más rápidos y baratos cada dos años, esto no significa el fin del progreso computacional. Podemos decir que, aunque su capacidad predictiva “murió”, el espíritu de la Ley de Moore sigue vigente.

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